El pH, valor numérico que expresa la concentración de iones de hidrógeno en una disolución, tiene una importancia extraordinaria en la vida cotidiana:
1. EN EL CUIDADO DE LA PIEL:
El pH de la piel es aproximadamente de 5.5 de media, variando ligeramente de una zona a otra del cuerpo. Este valor se puede mantener gracias al sudor y sebo que se mezclan en la superficie corporal dando como resultado este valor. Por una parte debemos recordar que para el buen estado de la piel y el cabello es muy importante mantenerlo sin producir grandes variaciones. El uso indiscriminado de productos que lo transforman en alcalino supone favorecer la penetración en la piel de microorganismos y por lo tanto la aparición de enrojecimientos y afecciones diversas.
2. IMPORTANCIA DEL pH PARA LAS PLANTAS
El pH de la solución nutriente en contacto con las raíces puede afectar el crecimiento vegetal de dos formas principalmente:
a) El pH puede afectar la disponibilidad de los nutrientes: para que el aparato radical pueda absorber los distintos nutrientes, éstos obviamente deben estar disueltos. Valores extremos de pH pueden provocar la precipitación de ciertos nutrientes con lo que permanecen en forma no disponible para las plantas.
b) El pH puede afectar al proceso fisiológico de absorción de los nutrientes por parte de las raíces: todas las especies vegetales presentan unos rangos característicos de pH en los que su absorción es idónea. Fuera de este rango la absorción radicular se ve dificultada y si la desviación en los valores de pH es extrema, puede verse deteriorado el sistema radical o presentarse toxicidades debidas a la excesiva absorción de elementos fitotóxicos (aluminio).
3. LA IMPORTANCIA DEL CONTROL DEL PH EN EL CUIDADO DE UNA PISCINA
El pH óptimo para el agua de una piscina debe situarse en el rango 7.2-7.8, en el que afortunadamente el cloro es donde presenta su mayor efectividad. Un agua ácida (pH inferior a 7.0) puede producir corrosión en los accesorios de la piscina, mientras que un pH demasiado alcalino (mayor de 7.8) favorecerá la formación de incrustaciones calcáreas así como una pérdida de efectividad del cloro.
4. EN AGRICULTURA Y SUELOS
El pH del suelo es generalmente considerado adecuado en agricultura si se encuentra entre 6 y 7. En algunos suelos, incluso con un pH natural de 8, pueden obtenerse buenos rendimientos agropecuarios. Sin embargo, a partir de tal umbral las producciones de los cultivos pueden mermarse ostensiblemente. En la mayoría de los casos, los pH altos son indicadores de la presencia de sales solubles, por lo que se requeriría acudir al uso de cultivos adaptados a los ambientes salinos. Del mismo modo, un pH muy ácido, resulta ser otro factor limitante para el desarrollo de los cultivares, el cual puede corregirse mediante el uso de enmiendas como la cal. Del mismo modo, a veces se aplican de compuestos de azufre con vistas a elevar el pH de los suelos fuertemente ácidos.
Es el pH de la sangre y es una cifra inamovible: 7,4. Todo lo que aportamos a nuestro organismo, ya sea malo o bueno, por exceso o por defecto, impacta sobre el torrente sanguíneo. Según señala Enrique González, experto internacional en Nutrición Celular y Medicina Ortomolecular, si la sangre siente que su equilibrio se ve atacado, tiene que compensarlo y, para mantener la estabilidad de su pH, literalmente roba los nutrientes que necesita (vitaminas, minerales, oxígeno) al resto de los órganos vitales (riñón, pulmón, huesos, hígado…). Esto provoca primero los síntomas (tono amarillo, dolores intensos, agotamiento, digestiones pesadas, molestias articulares, problemas de sueño…) y luego las enfermedades (hepatitis, diabetes, fibromialgia, úlcera de estómago…).
El experto señala cuatro pasos para alcalinizar el organismo, es decir, para mantenerlo sano:
- Practicar deporte de forma periódica.
- Depurarlo.
- Trabajar el equilibrio emocional.
- Llevar una correcta nutrición, rica en alimentos alcalinizantes, que compensen la tendencia al desequilibrio.
Realizado por: Ángel Castillo